Este libro puede contener escena maduras. Se recomienda para mayores de 18 años

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Capítulo I - El señor de los unicornios

Desde el más lejano punto del continente puede verse el resplandor como una columna luminosa que se precipita desde el cielo; y tiemblan los valles, los bosques, la montaña Y hasta la imponente Cadena Mórridas, sacudiéndose con todas sus nieves.

Mientras tanto, más aquí en el tiempo, donde los cuerpos celestes giran alrededor de una estrella, la heredera de un sueño recorre las calles de siempre. desconoce que allí alguien a pronunciado su nombre  olvidado por centurias.


Algún tiempo después de la partida de la emperatriz Draco las brujas del Consejo Supremo hubieron de reunirse. Maloraí, Prue Firefox, Fey Dant du Lion. Una por cada punto cardinal. Las señoras de los elementos. del aire, del fuego, de la tierra. Pero Aneye Blumingwind la cuarta de ellas no se encontraba presente porque las tres restantes no la veían con buenos ojos por varios y poderosos motivos.las tres hechiceras aferráronse de las manos y pronunciaron el sortilegio que haría posible la magia. Y repicaron tambores y el piso mismo latió. Y los  mármoles de las columnas y muros parecían cobrar vida. Un conjuro que todo lo hacía temblar, incluso los corazones de aquellas quienes nunca habían puesto a prueba sus poderes a tal punto y desconocían las consecuencias de abrir aquel portal.


Y mientras un vendaval agitaba los blancos ropajes, sentían que sus cuerpos ya no les pertenecían, porque galopaban en lo profundo de sus entrañas los espíritus de la magia. Y las carcajadas sordas trepaban por las paredes, reverberando en cada juntura, capaces de desdorarse el alma de cualquiera que las oyese o conducirlo a la locura.
Maloraí  fan mintus
devar sumis var persi la fel.
Mabra, mabra.
Perfiris liberate
Perfiris filaculuclis 


Firefox, lumanis fan de mintus.
inatis, matis bramabilis.
Sunt!
Aduntis, aduntis
Aduntis sunt!


Dant du Lion
Grugis, reginis albadis.
Grugis, brumis, brami sunt
Grugis liberatis, lion sunt

Vociferaron las lenguas secretas; la llave de cada elemento y desde el cielo y a través del enorme ojo del traga luz se precipitó una columna luminosa. Un portal entre dimensiones que sacudió todo este lado del tiempo. Una columna de luz que podía divisarse desde las orillas del Mar Pércise. 

***

La brisa soplaba trayendo consigo el aroma de las rosas que se  abrían empapadas de rocío bajo el sol matutino. Einhorn dormía, soñaba el sueño de los héroes, junto a él; el pequeño y frágil unicornio también lo hacía y reposaba el belfo sobre el vientre de su amo. Su cálido respirara chocaba contra la gema del anillo en la mano del soberano humedeciéndola. Del esmeril al brillo, con cada inspiración y exhalación. La paz hecha carne.
De pronto un estrépito los sacudió. Einhorn se puso alerta y el unicornio brincó del lecho parar correr hasta la ventana y emitir su relincho metálico. 


"Las brujas han abierto el portal delos sueño" dijo Einhorn con la mirada clavada en el horizonte tempestuoso. las negras nubes galopaban por el firmamento cubriendo el sol de Tindar"


Un monje tocó ala puerta de su alcoba, traía consigo un sobre el cual fue entregado en manos de James. La misiva era muy precisa. de pronto Einhorn sentía que todo su cuerpo le temblaba, había estado aguardando amargamente por aquel momento, pero de repente  todos sus temores materializaban y sentían que era más de lo que podía soportar Sin embargo se vistió a toda prisa y raudamente atravesó el corredor que comunicaba sus aposentos con la Cámara del  Concilio. En seguida le alcanzó Klaus, el pequeño unicornio; sus pesuñas hendidas resonaban sobre los mármoles del suelo. Podía ver la preocupación en la mirada de su amo y aquello lo inquietaba mucho, de modo que gemía suavemente quejumbroso.


Einhorn reunió a sus apóstoles y sin perder el tiempo les transmitió la mala noticia, el vasto principado de Taverthy le declaraba la guerra a Tindar.


" y no habrá piedad, porque esta no es la guerra de los hombres ni de los brujos; es la guerra de todas las eras" Habló "Geofroy de Taverthy es un enemigo distinto porque el proviene de un mundo diferenteal nuestro, consevido por una inteligencia todo poderosa. Los hombres de aquel mundo son hermosos porque son imagen y semejansa de su Dios; sin embargo todo lo que estos hombres tocan lo destruyen, y nada puede hacerles frente porque la magia no tiene poder sobre ellos; hace mucho tiempo atrás que aprendieron a negarla."


Entonces, un pequeño monje se incorporó de su silla, era el secretario de Einhorn; su nombre Mordecay Fides de la Rosa. Alguna vez uno de sus antepasados había sido Sumo Sacerdote de Druin.


"Creo que es preciso trabar alianza con Zloty, todos sabemos que Aneye Blumingwind, la bruja infiel tiene intenciones de entrevistarse con nuestro enemigo, sin dudas con infames propósitos, pero estoy seguro de que las Brujas del  Consejo Real estarán dispuestas a ayudarnos."


Einhorn se puso de pie y caminó hasta el gran ventanal observando el horizonte plomizo; el viento despeinando los cobrizos cabellos.


"Mordecay, necesito hablar a solas contigo" dijo de pronto.


Los apóstoles entendieron sus términos y abandonaron  el recinto sin agregar palabra. Finalmente a sola, Mórdecay dijo:


"Lo escucho, señor"


"Creo que tienes razón, iré a Zloty a hablar con Maloraí, después de todo es mi abuela, le explicaré todo lo que sucedió aquel día con Aneye. Mordecay, ya no puedo seguir callando, creo que ella comprenderá y juntos hallaremos una solución." dijo aturdido


Mordecay no tardó en darse cuenta que aquello no era otra cosas que culpa. Una culpa tremenda. Y también comprendió que las lágrimas insipientes se convertirían en llanto. Siendo así, se aproximó hasta él para contenerlo.


"Lo que le hice ami esposa no tiene perdón, podría culpara a Aneye, pero sé que toda la culpa es mía. Soy culpable por creer que un simple mortal puede dominar las pasiones que son viejas como este mundo!" Dijo desbordado por el llanto, acurrucado de rodillas, aferrando la cintura de su secretario, mientras este le acariciaba el pelo.


"Es cierto lo que ud hizo no fue algo bueno: Pero también es cierto que estaba en el propósito de Blomingwind, fue víctima de sortilegio; ella conocía su debilidad y ud flaqueó ante el espejismo"


"Ahora mi querida Draco está perdida quien sabe en que dimensión, presa del mal que le causé. El Portal de los Sueños  fue abierto y ese tipo lo a atravesado para sembrar el mal en Philbeos. No supe hacer otra cosa que traer desgracias, Mordecay, todos van apagar por mis pecados!"


El pequeño lo miró alos ojos  y sintió una profunda compasión:


"Si se lo pasa lamentándose  por lo que hizo, no va a resolver nada, compórtese como un hombre y vaya a hablar con las brujas"


James se puso de pie y secándose las lágrimas dijo:


"Eres el mejor amigo que he tenido"


"Bah, deje de hablar tonterías" respondió el monje palmeándole la espalda.


El Señor de los unicornios, podría convertirse en el próximo best seller del año" pensó de pronto Fillippe mientras se acomodaba las gafas. Luego que su terapeuta le dio el alta médica habiase ido a vivir a  una casita de apariencia mohosa. olía sentarse  a escribir cerca dela ventana por donde el sol penetraba desde la hora del mediodía hasta bien entrada la tarde.
Vio pasar a su vecina, a quien veía bastante poco, al rededor de las cuatro. A decir verdad, nunca había reparado en ella con especial atención. Sin embargo aquella tarde, luego de finalizar el primer capítulo de su novela, levantó la mirada y lo primero que divisó a través de la ventana fue a Rómera.
Ella, en cambió ni siquiera supo que él la vio pasar. Aquella primera vez él tampoco estuvo seguro de haberla visto o de haber imaginado que la vio. Pero eso no interesa en este momento, porque ella cruzó la calle y desapareció de su vista.


Rómera bordeó un bosquesillo cercano a su casa que por cierto no tenía nada de especial, pero que en la dimensión de los sueños parece volverse el vergel de los misterios. Muy al fondo de aquel baldío se encontraban las ruinas de una casona pintoresca y apacible. Unas cuadras después la calle bajaba y se perdía hacia las fabricas con sus altas y negras chimeneas monstruosas que humeaban todo el día sus encrespadas y grices cabelleras de gigantes indescifrables.


El palacio de Geofroy se emplazaba al oeste de Taverthy, un territorio que abarcaba las antiguas Vahador, Tarim, Bukan, y Espalteum. Alsabasé a orillas del Golfo de Astury cuyas aguas baña el Mar Pércise.


Geofroy había llegado a aquellos parajes no se sabe exactamente cuándo, aún si se le preguntaba a él no sabía precisarlo. Lo único que sabía era que un día se reconoció frente al espejo de su habitación. Los ojos levemente jalados hacia arriba, la breve nariz, los labios. Y unas palabras escondidas allí en lo en  lo recóndito de su pensamiento. tan adentro que ya había olvidado como pronunciarlas. Pero allí frente a su propia imagen, desnudo bajo su túnica abierta, la pequeña figura le pareció dotada de un encanto incierto. y por primera vez en muchos años se sintió a salvo de los otros, más sobre todo de sí mismo.


"Quién necesita de alguien más si me tengo a mí" Se dijo


El paje se anunció con dos golpes de aldaba. Desde el interior la voz de Geofroy se escuchó dándole el permiso para entrar. Franzs  entre abrió la pesada puerta e ingresó a la alcoba portando un sobre en la mano.


"Buenos días Excelencia" saludó con timidez. Quien bien lo conocía sabría que aquella timidez era fingida, y si se prestaba atención, podía distinguirse en los ojos del joven la chispa del desenfado.


"Ah Franzs!. Qué noticias me traes? Son, acaso, buenas o malas?


" No estoy muy seguro, mi señor. Averigüeló por ud mismo" respondió el joven depositando el sobre en las manos de Geofroyd. Pero Franzs conocía perfectamente el contenido de aquella misiva. Aneye Blumingwind anunciaba su llegada. El príncipe pudo percatarse de que esta era el tipo de mujer que por villana peca de torpeza. Una típica malvada gratuita, pobre de corazón. La mayoría de los villanos de estos reinos no tienen idea de que para la maldad también se necesita tener sangre en las venas. Y menos ambición que sed de venganza. más dolor en el alma que sentimiento de omnipotencia. Se necesita haberlo perdido todo.


"Pobre mujer, su magia no tiene poder sobre mí. Sin embargo ella podría serme útil. Falta poco para convertirme en mi hasta dejar de ser yo, hasta perderme. Sólo entonces podré olvidarme, abandonarme en este mundo. Desdibujarme y olvidar el pasado. Nosotros somos nuestra última frontera y juez; el más puro infierno. Cuando me olvide de mí, entonces habrá acabado el dolor que me provoca esta culpa que ya ni recuerdo cuando empezó. Sólo sé que olvidé su nombre cuando recordé el mío Goefroy de Taverthy" 


Rómera apuró el paso, la noche ya había caído y su barrio ciertamente se ponía algo siniestro por aquellas horas; a pesar que las luces de la calle comenzaban a encenderse. Unas calles más atrás creyó escuchar una voz incierta llamándola por su nombre, pero no había tenido el valor de voltear a ver y mucho menos de detenerse. Por eso cuando volvió a oír su nombre pronunciado por una voz un tanto más agradable, pero no por eso menos atemorizante, apuró el paso aún más.


"Rómera!" dijo una vez más Fillippe "detente se te ha caído esto" continuó agitando en su mano derecha lo que parecía un cuaderno.


Ella se detuvo por fin. Y reconoció a aquel muchacho. Era su vecino, pero además era el joven más hermoso que le robaba el sueño. Aquel que parecía la modestia de los ángeles, y el candor de un dibujo renacentista. En el país de los elfos el hubiese sido un trovador. Y en el de las hadas, un copero consentido por la Reina Mab.
Nada más alejado de la realidad. Fillippe era más bien de baja estatura, su cabello rizado nunca estaba del todo prolijo; lo llevaba comicamente despeinado y la barba insipiente, acentuaba el aspecto desalineado, los ojos rasgados eran quizás su rasgo más destacable. Aunque pensándolo bien se le veía tierno al sonreír, las pocas veces que lo hacía. Pero nada de esto venía al caso porque Rómera se sentía tan miserable desde que su novio la dejase que ningún muchacho podría fijarse en ella.
Y Fillippe...bueno él ni siquiera había reparado en ella, ni siquiera en aquel instante en que sus miradas se cruzaron.


"Gracias" dijo ella tomando el cuaderno. Creo que él sonrió, pero puede ser queno, lo cierto fue que ni sus dedos se rosaron. Sólo se escucho un timido "hasta luego". O tal vez sólo me pareció oírlo.


Aquella noche llovió mansamente. Esas lluviecitas que invitan a soñar con lluvia. Con una calle gris, y gotas corriendo por el vidrio de la habitación. 

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